28/12/11

Mois Benarroch 48 moros en una bicicleta



Un escritor madrileño nacido en Lucena llega a un festival de escritores en Jerusalén, a través de un libro que se ha traducido al hebreo. En la feria es uno de los dos no judíos extranjeros que llegan. El narrador sigue sus libros y sus escritos con asombro, sus amigos le critican el viaje a Israel. En Jerusalén empiezan a pasarle cosas raras y desconcertantes que no llega a sintetizar. Sufre una especie de sindroma de Jerusalén. En una de las callejuelas del centro de la ciudad una mujer dice ser su madre y está segura de que él es un hijo suyo desparecido en la guerra del Líbano del que nada se sabe. Le comunica que tiene una hija. Un grupo de místicos lo secuestra e intenta convencerlo de que escriba un artículo en El País sobre la ancestral presencia de los judíos en la ciudad. Mientras tanto lleva extrañas conversaciones con un escritor judío marroquí en el las calles de la ciudad. Cuando ya nada tiene sentido decide volver a su ciudad, que después de todo lo que ha pasado, es Paris.

Mois Benarroch nació en Tetuán, Marruecos en 1959. A los trece años emigra con sus padres a Israel y desde entonces vive en Jerusalén. Empieza a escribir poesía a los quince años, en Ingles, después en Hebreo, y finalmente en su lengua materna, el castellano. Publica sus primeros poemas en 1979. En los años 80 forma parte de varios grupos de vanguardia y edita la revista Marot. Su primer libro en hebreo aparece en 1994, titulado "Coplas del inmigrante". Publica también dos libros de cuentos, varios libros de poemas en Hebreo , Inglés y Español, y cuatro novelas. En el 2008 es galardonado con el premio del primer ministro en Israel.
En España ha publicado el poemario “Esquina en Tetuán” (Esquío, 2000) y en 2005 la novela “Lucena” (Lf ediciones). En el 2008 la editorial Destino publica la novela "En Las Puertas De Tánger". Y en el 2010 Escalera publica "Amor y Exilios".








http://www.moisbenarroch.com







Extracto


48
moros
en
una bicicleta


Mois Benarroch


ISBN: 978-1-4710-2313-2
48 moros en una bicicleta


Mois Benarroch


© 2012, Mois Benarroch

Cubierta: Alan Green



















Un escritor debe seguir sus libros, sus lectores, sus palabras. Si no, no tiene perdón. Por eso yo me paseaba por las calles de Jerusalén, como si mi libro me llevase a algún lado, como si no tuviese más remedio que seguir mis palabras: Yo seguía a mis palabras y mis palabras me perseguían. Las palabras que dije en clase a los ocho años sin mucho sentido, sin tener muy claro por qué en la escuela de Lucena, en el fin del mundo. "soy judío", tal cual se lo dije a mi mejor amigo en secreto, un secreto que duró media mañana hasta que toda la clase se entero y un día más para que fuese el habla de todos, desde alumnos hasta el director. Mi íntimo amigo, creo que se llamaba Raúl, me dijo:
"¡Lo sabía!"
Lo cual no pude comprender, cómo podía ser que él lo sabía si yo me lo había inventado. Pero ya ese mismo día lo sabían todos, o sea que todos me dijeron que sabían que era un tipo raro y que por lo tanto no les extrañaba nada que fuese judía. Tal como me lo contó un transexual con dos hijos que cuando anuncio a su alrededor que se iba a cambiar de sexo todos le dijeron que no les extrañaba y que siempre supieron que algo raro le pasaba. Todos menos él que hasta los treinta y cinco años se comportó como todos los hombres a su alrededor. Se llamaba Dafna, yo le conocí ya mujer y nunca la pregunté por su nombre de hombre, me parecía algo muy indiscreto. La invención mía me llevo a muchas discusiones con maestros, con el director y con mis padres. Estamos hablando de la época de Franco y en esos días ser judíos era ser judeo-masónico, y el único que era franco-masónico era por lo visto Franco, y era hasta peligroso. Mi madre me dijo mil veces que de eso no se habla y no sirvieron las explicaciones mías que era una simple travesura. A mí me gustaba ya leer, y cuando leía me enteraba de que muchos inventores, escritores, científicos eran judíos, y fue por eso que me inventé la idea de decir que era judío. No podía saber que esa iba a ser la reacción, no tenía en esa época ni idea de que decir que eres judío era una especie de contraseña, o de código, el código cristiano. Mi padre llegó hasta contarme que le investigaron en su trabajo, era funcionario del estado, y me pidió por favor que no lo repitiera. No lo hice hasta hoy. Pero sí fui a mi abuela y la pregunté si éramos judíos unos meses antes de que falleció y me dijo: shhhh… Con doce años pregunté qué era ese shhhh y me señaló con el dedo enderezado creando una cruz con sus labios que no hablase más de eso. No hablé más de eso pero a pesar de mi silencio los gritos en los partidos de futbol que perdíamos era judío de mierda o pásame esa pelota judío cabrón, o hasta judío cabrón de mierda, seguí siendo el judío y a pesar de que siempre la palabra venia empreñada de una palabrota no me disgustaba tanto. Me sentía especial.
¿Pero era judío o no era judío?, ¿Por qué nadie quería hablar de eso?, peor todavía, ¿Por qué hasta hoy mi padre no está dispuesto a decir de eso ni una palabra?, ¿Por qué mi madre que en paz descanse nunca dijo nada del asunto?, y mil preguntas más.
Una vez mi amigo Charly, que en realidad se ha convertido en el amigo intimo en la ciudad de Jerusalén, y amigo cuando viene a Madrid, porque en Madrid siempre está de buen humor pero lo que me cae bien de él en Jerusalén es que siempre esta criticando a todo y a todos, a los projudios a los antisemitas, a los europeos y a los prosionistas y a los antisionistas, a los ashkenazim y a los árabes, marroquíes y a todos, y hasta una vez me dijo que era antisemita porque todo pensamiento europeo tiene una base de antisemitismo, y puede que hasta tenga razón, bueno, pues Charly me contó que una vez un amigo suyo llamado David (mi nombre judío secreto que nadie sabe) viajo de vacaciones Vinaroz y una señora mayor le dijo que en la guía telefónica podía reconocer a todos los descendientes de judíos. Si así es en Vinaroz creo que en Andalucía debe ser hasta peor. A Charly lo conocí en una presentación de una novela suya en Andalucía a la que me llevó una amiga judía que también llego por mi libro, y en esa charla Charly dijo que según él la mayoría de los andaluces eran de descendencia judía y se levantó uno de los veinte que acudieron a la presentación y dijo que eso era una exageración, recuerdo que el presentador, un poeta andaluz cuyo nombre no recuerdo, le pregunto a este señor cual era su nombre y él respondió José Rabal Caro, o algo así, no me acuerdo de su nombre pero sí que su segundo apellido era Caro, y entonces Charly y el presentador se pusieron a reír, y explicaron que Caro es uno de los nombres más judíos que se puede imaginar. Un día me conto que un tal Caro, descendiente de judíos expulsados es el que escribió el código religioso que todos los judíos siguen hasta hoy, lo hizo en el siglo diecisiete.
Entonces…
Yo me paseaba por tercera en las calles de Jerusalén, invitado al festival de escritores, fruta de la publicación de mi libro "El ladrón de cumpleaños" que se publico ya en seis lenguas, y por suerte salió en hebreo. Charly fue el que me tradujo los dos primeros capítulos y así lo presentamos a varias editoriales aunque creo que la primera compró los derechos. Charly me dijo que lo veía difícil y que más bien debería intentar con otra de mis seis novelas y que libros extranjeros con temas judíos y de la shoah casi no se publicaban en Israel y casi no se vendían, pero yo lo veía en mi libro y en las palabras de mi libro, yo lo imaginaba en hebreo, y por lo tanto se publico en hebreo, imagino ergo creo, creo ergo creo, qué tiene un escritor mejor que su imaginación y si puede crear mundos en sus libros puede crear nuevas realidades dentro de la realidad. El libro se publicó en una editorial pequeña pero se vende poco a poco y los lectores responden al libro, como si esperaran de un goy que les contara eso, que reflejara sus angustias en los libros, en un libro por lo menos, porque como dice Jelinek parece que solo a los judíos les importa lo que paso en la shoah, y en eso tiene razón cuando publique el libro algunos de mis amigos me dijeron que debía de ocuparme de la ocupación de Gaza y no de algo que ya ha pasado, como si la literatura es un periódico, aunque esos mismos amigos escritores se pasan sus vidas escribiendo sobre ese pasado de la guerra civil que es anterior a la shoah, no, no, los judíos tienen que vivir en el presente porque su pasado molesta, algunos amigos hasta dejaron de hablarme y desde entonces sin ninguna razón se me considera un hincha de los sionistas y alguien que odia a los palestinos y a los árabes, vete a saber a dónde va a llegar el mundo.
Una charla en el café literario más famoso de la ciudad Tmol Shilshom, del que ya había oído hablar, con otro escritor llamado Yosi Abni. No, no con Charly que no estaba invitado al festival, según él porque sólo invitaban a ashkenazim, aunque el Abni era de origen curdo, hay judíos de todos lados, menos japoneses, y él contó porqué escribía sobre la shoah, tal como yo por enésima vez repetía las razones que me llevaron a escribir este libro, ya lo había hecho cuarenta veces por todo el mundo, a veces las preguntas le daban un toque más interesante a la cosa pero no fue así esta vez. Después bebimos un refresco y yo salí a la calle solo a eso de las ocho camino a un encuentro de periodistas hispanos que organizaba un chica llamada Noga que me caía muy bien, bueno un poco más, creo que estaba un poco enamorado de ella. Salí a una de las callejuelas del barrio llamado Nahalat Shiva, es la ciudad vieja, pero no tan vieja de Jerusalén, o sea la ciudad vieja fuera de la histórica que está dentro de las murallas, son casas y calles construidas a finales del siglo diecinueve, fue un barrio pobre que ahora ya es un barrio solo para millonarios judío de la diáspora que se pueden permitir casas de millones de dólares, y justo al bajar las escaleras (Tmol shilshom está en un primer piso) percaté a una mujer que se parecía a mi madre que en paz descanse, la vi de lado, me fije que tenía menos pelos y mas canas, como el mismo pelo pero diluido por tres o por cuatro, y en menos de un segundo (todas estas cosas que cambian la vida pasan en menos de un segundo) se dio la vuelta y estaba en frente mía, mirándome, y me dijo, en español
"¡Lo sabía!"
Y yo la miraba como embobado, sin poder decir una palabra, porque con el paso de los segundos se parecía más a mi madre, y estaba vestida como la mujeres andaluces de cierta edad, elegante pero en un estilo muy demodado, muy pasado de moda, como si el tiempo se hubiese estancado en los años sesenta del siglo veinte, y ella allí diciéndome "¡Lo sabía!" y yo sin decir nada, y otra y otra vez repitió la frase, como si fuese una mantra, como si hubiese esperado años para decirla, y después me dijo, ven hijo que la cena está ya preparada, y seguro que te acordaras que vivo aquí, siempre he vivido aquí al lado, en esta casa y me quieren echar de aquí, ya me han propuesto millones, pero yo moriré en esta casa, esta es la casa que lleva tus recuerdos.
Pero, Mamá, si tú estás muerta, era lo que iba a decir, pero no pude, ni pude decir que no era yo el que buscaba, o algo como no soy yo, si no soy yo, o alguna de esas frases que dice uno pero que al volver a pensarlas se siente ridículo. Y ella, está mujer que era y no era a la vez mi madre repitió la frase, ven hijo que la cena está preparada, y después siguió un poco la frase, como que siempre te la preparo desde que no estás por aquí, todas las noches, porque tú siempre volvías para la cena, y hice lo que te gusta, sopa de habas, albaisal, y además todavía queda un poco de oriza del sábado que te gusta tanto, yo sabía muy bien lo que era oriza, porque mi primera mujer que era judía la cocinaba a veces los sábados, un plato de arroz con azafrán riquísimo, y sin poder responder todavía, sin poder decir una palabra, yo que hablo tanto y que siempre tengo qué decir, estaba detrás de ella caminando 89 pasos, juro que los conté como si fuese una forma de creer que todavía estaba en el mundo real y no me había metido por equivocación en una de las novelas de Charly, o de Paul Auster, o mías, o de algún escritor que nadie sabe que existe pero que rapta a personas reales y se las mete en sus novelas, y en el paso 90 estaba dentro de su casa, una casa en la planta baja, muy pequeña, no creo que tenía más de setenta metros cuadrados, llena de cosas y libros, con la cocina a la entrada, a la derecha del saloncito, que aunque era noche se veía que era la única zona a la que llegaba algo de luz durante el día, y después tres habitaciones al final del salón muy pequeñas, o eso lo parecían pues no osaba a moverme del escalón que daba al salón, y el baño detrás de la cocina, pensé en que así fue construido para aprovechar la instalación de las tuberías, podía haber pensado en algo otro, por ejemplo en el encuentro de periodistas, pero se me pasó del todo de la cabeza, como si hubiese entrado en otro mundo y en otro tiempo, y en otra dimensión, qué new age suena todo esto, aunque al final toda tendría una explicación lógica, si es que uno cree que la lógica es lógica.
Me senté en el pequeño salón que hasta de noche parecía oscuro y como congelado en el pasado, como si los años seguían viviendo en el, las paredes no habían sido pintadas en dos decenas por lo menos, y aunque todo parecía limpio, todo parecía lejano. Me senté y me puse a hablar de la unión europea y de que yo no le veía ningún futuro, ni al euro, ni a una Europa unida, porque nadie sabía a dónde iba ese barco, y cada uno remaba para una dirección diferente. No sé por qué me puse a hablar de eso, era lo que hablé el mediodía con Charly el mediodía cuando almorzamos en un restorán vegetariano en el mercado de Majané Yehuda, donde siempre me recuerda que es el sitio donde más atentados ha habido en Israel, que el primero fue en el 57 o algo así, o en el 68, no me acuerdo, bueno pero mucho antes de que los palestinos eran tan mezquinos y tan oprimidos por los israelíes, a mi eso no me asusta del todo, en nada, y creo que alguien que viene de Madrid después del 11M ya debería ver las cosas de otra forma, no como todos mis amigos que me dijeron que estaba loco de viajar a Jerusalén como si iba a estar entre bombas de la mañana hasta la noche. Todo eso se lo conté a mi madre, a mi no madre, o a lo que era la mujer que estaba en el fondo del salón en la cocina calentándome la cena como si fuese su hijo, o tal vez lo era, quién sabe. O lo soy, y yo soy el que no sabe quién soy. No objetó nada a mis divagaciones sobre la unión europeas y parecía que coincidía y consentía con mis palabras aunque no estaba ni seguro que las oía desde la cocina. Así son las madres.
Después nos sentamos en la mesa de comer que estaba más cerca de la cocina y un poco alejada del sillón que tenía una televisión antigua enfrente, y me dijo "David, aquí está tu sopa" y nos sentamos, no solo que no me sorprendió nada que me llamase David y que supiera mi nombre secreto, no solo que no me revelé contra esta intrusión en mi vida privada, si no que hasta me agradó que me llamase así. Aunque de todas formas se lo dije, No me llamo David, pero es mi nombre secreto, siempre lo fue, antes de saber hablar, y mucho antes de que dije en la escuela que era judío, pero yo eso nunca se lo he dicho a nadie, solo a mis amores, grandes amores, y tenía una ley que solo se lo decía a amantes con las que salía más de tres meses, a veces mucho más y se lo decía una sola vez, mientras dormían, mi nombre secreto es David, y solo una lo captó, medio dormida, mi mujer, mi primera mujer, judía con la que tuve una hija, mi única hija, aunque solo estuvimos casados dos años, mi hija, que ahora tiene ya casi treinta, entonces mi mujer, Sara, dijo, David, repitió mi nombre y se tornó al otro lado, y ya nunca más volvió a repetir mi nombre, todas las otras ni se enteraron, aunque tampoco fueron tantas, tantas a las cuales les dije mi nombre secreto, ni tampoco fueron tantas mis amantes. Bueno mejor no hablar de números en estos casos.
Mientras comía la sopa espesa y verde, y ella me miraba y yo no osaba preguntarle su nombre, no fuese el mismo que el de mi madre (claro que lo fue) me puse a hablar,
"Este mediodía almorcé con mi amigo Charly, es escritor como yo, (movió la cabeza como diciendo que lo sabía), en el mercado, que él siempre lo llama zoco, pero yo lo llamo el mercado, porque el zoco es un mercado oriental, y Charly me dice que el mercado de Majane Yehuda es oriental, y tiene razón, pero igual yo sigo llamándolo mercado y el zoco, hace cinco o seis años que nos conocemos, tal vez ocho o cinco, esto del tiempo no lo llevo muy bien, me olvido de fechas, odio los números, a veces ni siquiera sé en qué año estoy viviendo, claro que parece mentira que sea el 2010, eso para nosotros era ciencia ficción, era como si en 1983 íbamos hacía una nueva era completamente desconocida que llegaría en el momento que los números se cambiasen, como algo místico, que llegaría con el numero 2000, y tal vez es lo que pasó, aunque no es que la vida sea hoy tan diferente de la vida del año 1993, o del 1977, yo que sé, tal vez lo sea, los móviles, ordenadores, aviones para aquí y para allá, el correo electrónico (Y entonces di una vuelta visual del salón y no vi ni móvil ni ordenador), y hablamos hoy de muchas cosas, Charly, escribe todos sus libros sobre situaciones inverosímiles, pero posibles, como esta, quién sabe, por ejemplo tiene un cuento sobre un hombre en el autobús que se topa con una mujer igualita a su mujer pero con veinte años más joven, así empieza el cuento, él dice que es porque emigro a los trece años y en realidad es algo así lo que le pasó, pasó algo casi normal pero que cambió del todo toda su realidad y toda su perspectiva de la realidad y del mundo, eso es lo que dice, también escribe mucho sobre los judíos de Marruecos del norte, su nombre es Charles, aunque tal vez también le llamaron en algún momento Carlos, por qué no Carlos, aunque nunca me lo ha dicho, aquí todos le llaman Charly, y la verdad es que suena bien, no como mi nombre, Guillermo, que tal vez por eso me inventé ya de niño ese nombre secreto que solo tú y yo conocemos, yo escribo toda clase de libros, cada libro tiene que ser diferente, una novela histórica, una policial, una satírica, cada libro mío es diferente, ya sé que me vas a decir que como Pérec, o no, pues no, y uno de ellos es sobre niños en la época de la shoah, un grupo de cinco niños que se escapan de un campo y viven en el bosque, tienen miedo de lobos y de animales, pero las madres le dicen que no tienen que creer en ningún ser humano, y que mejor comer flores, plantas, y hasta tierra que pedir a alguien, son niños de 5, 6 o 7 años y la realidad para ellos es la de cuentos de fantasmas y monstruos y también de hadas, al final encuentran un hada con una barita mágica que les ayuda, o eso creen, pero se acuerdan de la lección de las madres y se escapan el último minuto, justo antes de que llega la Gestapo por ellos, pero fue solo un libro sobre judíos, los otros son sobre todo, sobre Madrid o sobre Lucena, donde nací, pero ya ves, ese libro me trajo a ti, o más bien, quiero decir me trajo aquí, y ahora estoy tomando notas sobre los viajes míos a Israel y tal vez voy a escribir algo sobre viajes, algo entre una novela y un libro de viajes, cosa que nunca he hecho, tal vez pensé que escribir ese libro sobre niños judíos era un juego literario, ya ni me acuerdo, pero se ha convertido ya en algo serio, muy serio, a veces envidio a escritores como Charly que escriben sobre un mismo tema y es como si escribiesen un solo y mismo libro toda la vida, pero yo cada vez tengo que buscarme un genero diferente, una historia diferente, y crear un nuevo camino, así es lo que yo escribo, y la verdad es que no sé por qué te estoy contando todo esto, y la sopa está buenísima y la oriza genial, hace mucho tiempo que no como oriza, me la preparaba a veces mi primer mujer que era judía de Tetuán y hacía oriza pero no tan buena como esta, no, no tan buena, esta es mejor, pero mi madre no, mi madre no hacía oriza, no no cocinaba esas cosas, tampoco cocinaba mucho, pero lo poco era comida andaluza, Charly me dijo que su madre hace muy buena oriza, me invitó a casa de su madre el sábado, pero no voy a estar aquí este sábado, me voy a Tel Aviv, voy a estar en casa del embajador que es amigo mío y voy a ver a los del Cervantes así que no puedo pero hay un rumor que la mejor cocinera de oriza está en Gibraltar y es oriunda de Tánger, pero esta oriza ya es casi la mejor que he comido, o no casi, es la mejor, aunque un poco picante para mi paladar, no estoy muy acostumbrado al picante aunque me gusta, la cocina española no es muy picante, no como