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EN LAS PUERTAS DE TÁNGER novela de Mois Benarroch (fragmento)

Buenas nuevas!
1)   En las puertas de Tánger llega en el 28 de Julio al puesto 5 en Amazon España , y 2 en México!
N. 2 en literatura española en amazonCom. 







3)se publica en francés, alemán, portugués







viewbook.at/TANGER
En amazon, en mobi (kindle) y en papel
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En las puertas de Tánger (Áncora y Delfín)

kindles de Mois Benarroch en amazonES


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Siempre espero que pase algo, siempre espero algo. Y cuando algo pasa, espero algo más. Treinta años pasé lejos de Tetuán, sin ir allí. Siempre estaba allí, un allí eterno, un allí que no se acaba, una palabra del pasado, una palabra del olvido, una palabra de la memoria. Treinta años huí este viaje. Alberto me contó que es­tuvo allí, dijo que se lo pasó muy bien, que cada mi­nuto fue una maravilla. Pero otros, muchos otros, ha­blaron de la basura, y lo sucio que estaba todo, que toda la ciudad es una porquería, y que está llena de moros, como si nunca hubieran vivido moros allí. Y tal vez no estaban, tal vez no fueron parte de nuestra vida, a pesar de que vivían con nosotros, a nuestro lado, siempre fueron círculos tangentes que no penetra­ban nuestras vidas, eran universos paralelos, que nos aportaban nuestras necesidades, la Fátima que hacía los trabajos de casa, compraba naranjas o pescados. Y nosotros éramos lo mismo para ellos, los que mueven la economía, los que dan trabajo. Nos añoran, pregun­tan por qué nos fuimos, si nos sentíamos mal, y creo que no. No todos se sentían mal, pero algunos sí, co­mo mamá y la abuela; las mujeres se sentían incomo­das en la ciudad, hablaban de Israel como algo obliga­torio, siempre las mujeres, las mujeres son las que decidieron irse a Israel, los hombres, como yo, prefe­rimos algo más conocido, Madrid, París. ¿Quién tuvo razón?, no sé, pero cuando llegué de visita a Israel en 1977 sentí que era demasiado tarde para mí, dema­siado tarde para cambiar mi vida y dejar Madrid, dejar el olor de los calamares, las charlas alrededor de las tapas, era demasiado tarde, dije a mi padre, dije a mi madre, él lo entendió, ella no. Me quería a su lado, él hubiese preferido estar en otro sitio, en Palma de Ma­llorca, donde mi primo quería que fuese a dirigir o a comprar un hotel, o en Canadá.
—Esto no es para nosotros —me dijo mil veces.
—Te entiendo, a lo mejor es para la próxima ge­neración.
—Los nietos, sí, a lo mejor para ellos será mejor, pero veo a tus hermanos, y a tu hermana, y ninguno de ellos se siente de verdad en su casa, a ninguno le va verdaderamente bien, ni tu hermano Isaque, que nunca fue muy convencional, está mejor en Nueva York.
—No creo que hubiéramos estado mejor en Nue­va York, creo que estamos mejor en Madrid, o en Pa­rís, o en Jerusalén, pero Nueva York, ¿no está eso muy lejos? Tal vez no, el sitio más lejano para alguien na­cido en Marruecos es Jerusalén, ¿te lo puedes creer?
—Y esto lo dije en voz alta, sentado al lado de mi querida hermana Silvia.
—¿Qué? —dijo—, ¿qué me puedo creer?
—No sé, no dejo de pensar, no dejo de pensar qué quiere decir todo este viaje, qué sentido tiene, y qué buscamos, un hermano, un hermano del que no sabe­mos nada, a lo mejor buscamos un hermano muerto, a lo mejor ya se murió, la gente se muere joven como tú ya sabes. Treinta años son muchos años.Y en Ma­rruecos, con todas las drogas, vete a saber a cuántos matan.
—Yo también pienso sin parar.
Pedí un whisky a la azafata, una botella entera, vasos y hielo. Invité a todos. A pesar de que J&B no es el güisqui que más me gusta, a todos nos gusta el güis­qui, y era una buena excusa para calmar la tensión.
1974. La familia se dispersó: unos fueron a Jerusa­lén, y yo me quedé en Madrid para acabar los estu­dios de medicina. Después el sueño fue alejándose, la distancia entre nosotros se ensanchó, el lenguaje em­pezó a cambiar, su lenguaje, el mío, el lenguaje de mis hermanos. Hablaban de cosas que no entendía, que no podía entender, que no quería entender, discrimi­nación, racismo, opresión, pero mi madre no quería ni oír hablar de emigrar a otro país, a ningún sitio fuera de Jerusalén, muchas veces propuse que se vinieran a Madrid.
—Aquí os las arreglareis bien, el dinero no es un problema.
Pero pasó un año y después otro, una excusa y otra, los hermanos más pequeños tendrían más pro­blemas en adaptarse a Madrid que si hubiesen llegado directamente de Tetuán.
—Tienen nuevos amigos —decía mi madre—, y hablan hebreo, y eso es lo importante, lo importante es que hablemos hebreo.
Tal vez en eso sí tenga razón, pero muchos amigos no tenían, eso sí que lo sé, siempre lo supe. Muchos de los amigos están aquí en Madrid… no sé por qué sigo pensando en todo esto. Tal vez para escaparme de mí mismo, de la situación en la que estoy, de la muerte de mi padre, del testamento extraño que nos dejó, corro en mis pensamientos, y cada vez vuelvo a este hermano extraño, mi medio hermano. ¿Qué le diré cuando lo encuentre? ¿Qué? Tal vez, simplemente nada. Soy yo el que debe hablar, el hijo mayor, tengo que empezar yo.
—Aquí estás, Yosef, tú, hijo de mi padre, no sabía que mi padre tenía otro hijo, pero él sí se acordó de ti y te nombró en esa herencia, aquí, ves, firma, y reci­birás cien mil dólares, tal vez un poco más, y eso es todo, somos hermanos, muchas gracias, estamos con­tentísimos de haberte encontrado pero no nos vere­mos nunca más. Recibirás un cheque de nuestro abo­gado, dentro de un mes o dos, hasta que arreglemos todos los formularios jurídicos, eso es todo…
Tal vez eso es lo que pase, y tal vez… ¿Qué? Me pondré a llorar, le diré que es el sustituto de Israel, el que nació en medio de la guerra de los seis días y mu­rió en la guerra del Líbano. Fue el único israelí de la familia, amó la tierra y su lengua, el único, y se murió en el Líbano, y ahora, tú, tú, Yosef, tú, Yosef, eres mi hermano, lo entiendes, eres mi hermano, y ya está.
Así pasará todo, o tal vez no, tal vez encontraremos su dirección y le enviaremos una carta, las cartas son más simples, es más fácil, quién soy, tengo cuarenta y siete años, para qué necesito un hermano ahora, tengo ya un hijo, ¿para qué necesito un hermano?
—Eso es lo que todos nos preguntamos —dijo Silvia.
—Y entonces qué, y si buscáramos su dirección y le mandáramos una carta, si está de acuerdo nos en­viará una carta de su abogado, si no, hemos hecho lo que nos pidió en el testamento, ¿no?…
—No has pensado que tal vez papá quería que lo encontrásemos, que lo viéramos. ¿No has pensado en eso?
—Yo no sé lo que él quería. Papá está muerto y no podemos preguntarle nada. O tal vez hablaste con él y te dijo algo sobre todo esto, estaba más cerca de ti que de todos nosotros, y de Ruth, no de mí, no tanto de mí. ¿Habló de esto contigo?
—No. Nunca. Nunca de una forma precisa, pero hay algunas frases que me dijo que tal vez tengan que ver con todo esto, o ahora tienen un significado nue­vo, tal vez, tal vez lo imagino. Hace un año me dijo que si se moría antes que mamá, que nos ocupáramos de ella, e insistió en que no hablaba de dinero, a veces me decía que dejó en Marruecos mucho más que dinero. Tenía frases raras que tal vez ahora toman un sig­nificado diferente.
Llega la comida, Silvia pregunta si la comida es casher y la azafata de Iberia dice que en este vuelo todas las raciones son casher. Hay algo que hacer du­rante el vuelo. La comida en los aviones es más una ocupación que una alimentación. Vienen a llenar las largas horas sentados y sin nada que hacer. Pero los pensamientos no me dejan mientras intento con mis mejores cualidades abrir el paquete con la comida sin dejar caer nada en mi ropa o en la de mi hermana, to­davía queda un poco de güisqui, pero la comida carece de sabor, no son como los almuerzos en Air France a Nueva York, aquí nos llega de Nueva Cork. Isaque, nuestro homeópata, seguro que empezará a discutir conmigo otra vez sobre cómo enveneno a mis pa­cientes, pero la verdad es que cada vez doy menos an­tibióticos a mis enfermos, y menos medicamentos; descubrí que el noventa por ciento de ellos lo que quieren es compartir conmigo sus problemas, más que curarse de sus enfermedades, a ellos tampoco les gustan mucho los medicamentos y más de la mitad de és­tos llegan a la basura: ser médico de familia es bastante agradable, hay más tiempo para hablar con el paciente, y a veces se pueden conocer los problemas de toda una familia, y en muchos casos eso es interesante. Él es el único que viajó a Tetuán desde que nos fuimos de allí, y dijo que el dinero no le es nada urgente, pero quería venir con nosotros, vernos de nuevo en nues­tra ciudad. Y tiene razón, todos estos años nos escapa­mos de la ciudad, todos nos escapamos como si fué­semos la mujer de Lot y si nos atreviésemos a mirar hacia atrás nos convertiríamos en una estatua de sal; de qué teníamos tanto miedo, de Madrid o de París, es sólo un vuelo de un par de horas, podía haber ido un fin de semana, eso es lo que me pedía siempre mi mujer. En aquel entonces, en los días que me amaba, muchas veces me pidió que viajásemos un fin de semana, y mi respuesta siempre fue «qué tengo yo que buscar allí, podemos ir a París, a Nueva York, a Ma­deira, a Sri Lanka, a la India, a Madrás, a Teherán, a cualquier sitio, a cualquier sitio y no a Marruecos». Y no era sólo yo el que respondía así, era la respuesta de mi padre, de mi madre, de todos los hermanos. ¿Qué se nos perdió allí? Todo, digo yo, todo se nos perdió allí.
— ¿Te emociona volver a Tetuán?
—No son las mejores condiciones. No sé, toda la vida he evitado este momento, pero sabía que un día tenía que volver, cerrar un círculo, acabar ese capítulo. No pensé que pasaría así, que volvería a buscar un medio hermano del que no sé nada, no sé si es el mo­mento más adecuado, pero por lo visto lo es, porque estamos viajando hacia allí, Tel Aviv Madrid Málaga, Tel Aviv Madrid Málaga…. El trayecto opuesto al de 1974, yo en esa época ya estaba en Madrid pero leí mil veces en los libros de Alberto sobre esa mañana que se despierta en Restinga y viaja a Ceuta. Como si hubiese estado allí. ¿Cómo lo recuerdas tú?
—Yo estaba contenta. No olvides que fue después del golpe de Estado fracasado de Ofkir, en esa época hubo muchos intentos de matar al rey, y nosotros te­míamos que eso ocurriera porque habría sido muy negativo para nosotros. Fue un alivio. Recuerdo que desperté a Israel y le llevé en mis manos, medio echa­do, al coche; mamá llevaba a Ruth, mientras papá ha­blaba con el chófer, justo cuando el sol se levantaba sobre el mar. Era impresionante. En la frontera está­bamos un poco asustados de que pasara algo, papá so­bornó a un policía, todos dijimos que íbamos de vaca­ciones a Palma de Mallorca, al final llegamos a Palma de Mallorca hace dos años, papá, mamá, mi marido y yo, y también vino Ruth y su marido, lo pasamos bien, lástima que no viniste tú, fueron unas vacaciones fa­bulosas.
De pronto se calló, justo cuando pensaba que iba a darme muchos detalles, frases, recuerdos del viaje fa­miliar, se calló. En su cabeza las cosas están muy cla­ras, la casa, el marido, los tres hijos, estabilidad francesa típica, todo es seguridad, las cremas dan seguridad, Pa­rís, la securité sociale, la casa, los dos coches, el marido y su seguro de vida, los niños que irán a estudiar en una école de buena categoría, todo está bien arreglado, y yo lo que soy es un lío enorme, mi matrimonio es una locura. Nadie sabe nada de eso, nadie sabe lo que me pasa, y tal vez piensan que vivo un gran amor, un gran amor que no tiene fin. Y tal vez piensan que no necesito la herencia, que me basta con el dinero de mi mujer, y de mi trabajo de doctor. ¿Me basta para qué? Para pagar la hipoteca de mi casa en la calle Pedro Tei­xera, el coche grande, el ordenador de la niña, quién sabe para qué es suficiente qué, no es suficiente para crear felicidad, no es suficiente para recrear la sensa­ción de calor de un día de Pascua, cuando volvíamos de la sinagoga y sentíamos el olor de los platos pas­cuales, la casa limpia, las mujeres vestidas con sus me­jores galas, tal vez en ese entonces la vida tenía signi­ficado, tal vez sólo en ese momento, pero qué sé yo lo que pensaban mis padres, sobre qué soñaban, tal vez ellos tampoco sabían de dónde iban a sacar dinero pa­ra llegar a fin de mes, o pensaban que no saldrían de la ciudad a tiempo y matarían al rey y todo se derrum­baría. Para mí, con mis diez años, eso me parecía lo más seguro del mundo, lo más claro, nunca oí a mi madre preocuparse por dinero, como mi mujer, y te­nemos más que lo que tenían ellos en esa época, y te­nemos medicina social y médicos privados, y todos los seguros del mundo, y no nos basta, no estamos contentos, tiene que ir a la peluquería más cara, a las tiendas más caras, no sé a dónde, sólo veo como cada mes pagamos más a las cartas de crédito y no puedo decir nada, es también su dinero.
La casa no es un sitio seguro, no es segura como parecía antes, era el símbolo de la seguridad, como el símbolo de la libertad, el sitio al que siempre se puede volver cuando los cielos se llenan de truenos, más di­nero igual a menos seguridad, más facilidades, más servicios evidentes, agrandan el miedo de perderlos lo mejor me abraza, quiero que mi hermana me abra­ce, ¿por qué no la abrazo yo, por qué no?, simplemente poner mis manos alrededor de ella, segura­mente sonreirá, se pondrá contenta, pero no puedo, no puedo abrazar, no puedo dar amor. Sonrío a mi hermana. ¿Dónde está el amor que amamos cuando éramos niños, los abrazos que nos abrazamos, las dis­cusiones que discutimos, los paseos que paseamos, dónde estamos, por qué estamos tan lejos, Jerusalén, París, Madrid, Nueva York, dispersos en medio globo? Durante quinientos años nuestra familia vivió en el mismo sitio, en dos kilómetros cuadrados, íbamos de casa en casa, pero en el mismo sitio durante quinien­tos años, y ahora estamos a cinco mil kilómetros de distancia, el mundo tal vez se ha hecho más chico, se puede visitar pero estamos lejos, quiero venir a ti a llorar y hablar de mi...


Llaves de Tetuán 3

3


- Levántate hijo mío,
- Pero si es muy pronto, si esta oscuro todavía
- ¡Nos vamos!
- ¿Adonde, al mar ,a estas horas?
- A otro mar, hijo mío.
- Ah! … llego el momento, nos vamos...
- pero mama, no me despedí de mi primo David, ni de mi amigo Marcos, no le dije adiós a Dris, el del colmado
- Espero que nadie lo sepa
- Ni yo mismo lo sabía como podrían saberlo los demás.
















LA PRIMERA CARTA DEL SIGLO VEINTE







Sao Paolo.1.1.1900

Querida Coty:

Empezó el siglo veinte. El tiempo aquí es muy placentero en esta época, tú ya lo sabes, espero poder viajar de nuevo a Tetuán el próximo mes de noviembre. La tala de árboles representa un buen ingreso, pero no creo que me haga millonario además trabajo en un lugar lleno de mosquitos y de pantanos, así que estuve enfermo durante dos semanas con fiebre muy alta, lo que me afecto en el trabajo. aquí te envío ciento cincuenta francos y espero que te duren hasta Pessah. Entonces ya podré enviarte más... Me alegre de saber que mi hermano David se fue a Oran y que le esta yendo bien., si decide venir por aquí podríamos montar una sociedad de tala de árboles, aunque no estoy seguro que se pueda ganar mucho con eso, por otro lado recibí una carta de Mois Hatchuel de Caracas, en la que me dice que hay allí una comunidad muy grande de Tetuán, y que se puede encontrar trabajo fácilmente, aquí también hay muchos tetuaníes, pero por lo visto no como en Caracas.

Espero escuchar dentro de poco buenas noticias del nacimiento de nuestro próximo hijo, lastima que no pueda estar para la circuncisión, pero como tu ya sabes los viajes son muy largos además de todos los peligros, y tú no quieres salir de Tetuán, espero que pueda ganar lo suficiente para que podamos cuando vuelva tener un buen sustento. Corren rumores que los franceses quieren entrar en Marruecos, a lo mejor eso trae un poco de prosperidad, a lo mejor los españoles también se tientan y ocupan de nuevo el norte del país, y así volvemos a la gran época de los años sesenta, bueno son de momento simples especulaciones y además si entran solamente por dos años, no creo que cambie mucho la situación. Que tal está Mois, mi querido hijo, va ya a la Alianza, seguramente, tiene ya seis años, estoy seguro que será un buen estudiante.

Mándale un cariñoso abrazo a mi madre Sultana y a toda la familia, especialmente a mi hermano Moshe si viene a visitaros, aunque ya le escribiré yo directamente a Oran, espero que recibas el dinero pronto,

Mimon




Llaves de Tetuán
Extractos de novela, publicada en hebreo en 1999. Traducción de Marcos Barel

Llaves de Tetuán 2

2



- ¿Y como será allí mama?
- Toda la gente será como tu, judía, nadie te tirara piedras.
- ¿Y en que idioma hablaran?
- Hablaran en hebreo, no el hebreo bíblico, sino el que aprendes los viernes con Monsieur Cohen, el hebreo hablado, el hebreo de cada día.
- ¿Y los estudios?
- también se impartirán en hebreo, ya veras lo aprenderás muy rápido, y serás un buen alumno, como aquí.
- ¿Cuando viajaremos, antes o después de mi Bar-Mitzva?
- Dentro de poco, tú decidirás si quieres hacer el Bar-Mitzva antes o después de viajar.
- Antes, con todos mis amigos, será la fiesta de despedida de todos, pero ellos no lo saben, pues es un secreto, una fiesta de despedida secreta.
- Bueno, será como quieras, ya veremos dentro de dos meses.
- Mama, tengo miedo, tengo miedo de ir allá
- Es nuestra tierra, hijo mío, será un poco difícil pero allí estarás mejor que aquí.





















TETUAN
1860




Espera, espera no te vayas todavía, es verdad que estoy cansado, pero mañana a lo mejor no estaré cansado ni estaré en vida, ya lo sabes, Mimon, a mi edad no sabe uno si se despertará al día siguiente, a pesar de que mi abuelo y bisabuelo pasaron la centena, así como la madre de mi abuela, que me contó incluso del invierno antes en que llegasen los españoles en 1860 y de como esperaba el día en que retornase a Sevilla. Mira, me dijo mira esta es la llave de nuestra casa que nos trajimos de la judería, del barrio de los judíos, incluso me describió la casa, y de eso yo ya no me acuerdo, por eso te pido que lo apuntes todo, te crees que te acordaras pero al final te olvidas de las cosas más importantes. Mira estamos en Tetuán, que es el lugar más cercano a España en el que se asentaron los judíos, estos por lo visto fueron los más optimistas de todos los expulsados, y en 1492 enseguida después de la Expulsión se creo esta ciudad, estamos a fin de cuentas a 20 kilómetros de Ceuta, a treinta de Algeciras, y a unos cuantos más de Sevilla, nuestra ciudad, y ahora ya ves lo que esta pasando, estamos retornando a España. Toda la familia Benzaquen y la familia Azulay están de vuelta en Málaga, los Botbol en Madrid, así como la mayoría de los Hatchuel y Benatar, simplemente estamos retornando a España, ya que es nuestra tierra, no lo olvides, no lo olvides nunca allí corre nuestra sangre, la madre de mi abuela, Sultana Toledano, me contó que su familia no se creyó para nada el cuento de Shabtai Tzvi, y antes de que llegue el Mesías, y de llegar a Jerusalén llegaremos a España, pero hubo gente en Tetuán que creyó en esas historias, y en ese falso profeta más grande que todos los rabinos y místicos juntos. Y así durante el invierno de 1860 llegaron los españoles, y nosotros claro esta hablábamos con ellos en jaquetilla, estaban sorprendidos, de ver un barrio entero, la judería cerrada de Tetuán, hablando con ellos el castellano de hace trescientos años, nosotros aquí los estábamos esperando, ellos no nos esperaron, hubo quien quiso convertirnos, tratando de convencernos por medio de dinero y promesas consiguiendo algún éxito, hubieron quienes eran antisemitas por tradición, ya que nunca antes en su vida habían visto un judío, pero todo esto paso como si nada, ya que eran muy parecidos a nosotros, incluso físicamente, me acuerdo que sentía como si fuesen familiares nuestros, sus facciones, incluso sus narices judías, si es que existe tal cosa, y desde entonces me digo que todos los españoles son descendientes de los judíos, en todos, o en casi todos corre sangre judía, y en especial en los más ricos, ya que estaban muy cerca de los cristianos y la nobleza, y ese invierno, hijo mío, cayo nieve en Tetuán, el día que entraron los españoles nevó, algo extraordinario, en toda mi vida solamente nevó dos veces aquí, y precisamente en ese año, y me acuerdo de un soldado sentado a mi lado en las escaleras de mi casa, que me parecía entonces hablaba un castellano muy raro, a pesar de que entendía cada palabra, y me dijo que hablaba conmigo porque era un niño, y que solamente a los niños se les pueden contar ciertas cosas, ya que nadie me creería, y desde entonces no se le he contado a nadie, es mi secreto, y eso fue lo que me dijo:

"yo soy judío, mis padres siempre me dijeron que somos judíos, pero que no se lo contemos a nadie, por fin se lo puedo decir a alguien, tenía tanta necesidad de decírselo a alguien, incluso a un niño como tú que apenas entiende mi idioma, judío, dijo y repitió, judío, mi madre enciende velas todos los viernes al atardecer y las apaga enseguida para que no la delaten, pero las enciende delante de los niños, segura que el secreto trascenderá de esa manera, y en nuestro pueblo existen ciertas contraseñas para reconocer a las familias y casarnos entre nosotros, a lo mejor todos lo saben ya y a lo mejor nadie esta enterado de nada todavía, pero esas son las cosas de las que esta prohibido hablar".

Y allí me abrazo, fuertemente entre sus brazos, mientras los copos de nieve caían entre nosotros, estaba completamente aturdido, y no pude reaccionar, y claro esta con el frío llegaron las enfermedades, y la miseria, se que te parecerá raro, hijo mío, pero todo ese tiempo no había lo que comer, años de miseria, y a veces por si no era bastante llegaba una plaga de cólera, y las comunidades vecinas de Argelia y Europa se organizaban para
ayudarnos, pero lo que más nos sorprendió a todos fue la ayuda material que nos prestaron los cristianos de Burgos, y de otras ciudades de España, era claramente un gesto de ayuda o de misericordia, difícil es saberlo, pero seguramente que algo de judíos tenían en su sangre, o a lo mejor estaban tan sorprendidos de que hablásemos castellano, que se identificaban con nosotros, lastima, que entonces se quedaron solamente dos años, querían solamente que el Sultán les devolviese una deuda, y cuando lo consiguieron se volvieron a Ceuta, pero durante esos dos años hubieron ya unos cuantos judíos que emigraron a Melilla, a Ceuta y también a Gibraltar, retornaron a su tierra añorada y deseada, hasta que volvieron con Franco hace treinta años y desde entonces están aquí, pero cuando salgan nosotros volveremos con ellos a España, a nuestra casa de Sevilla, llévame contigo a Sevilla, a mí casa, pero donde esta mi casa, de donde me exilio, de Jerusalén de Sevilla, de Tetuán, como puedo ser un exiliado de España si no nací allí, ni mi padre ni mi abuelo tampoco, cómo puedes ser un exiliado, exiliado en cualquier lugar, mi casa es mi exilio, los años no calman el dolor, hijo mío, ya veras, serás siempre un exiliado, exiliado de tu exilio, ya que en España también fuimos exiliados, también allí añorábamos a Jerusalén, y también desde aquí, a pesar que a nuestra ciudad la llaman desde hace tiempo " la Jerusalén chiquita", también aquí estamos llenos de nostalgia de ese lugar que sea Sevilla, Jerusalén y Tetuán a la vez, y a lo mejor en ese lugar, también nevara y llegara un soldado para decirme que es judío, para decirme que es un pariente mío, el paraíso, este paraíso, a lo mejor me estoy ya acercando a el, y en el encontrare a Sultana Toledano, y me abrazara y me dará la verdadera llave de mi casa, la casa de la que no hay añoranza.

Y ahora me voy ya a dormir...





Llaves de TetuánExtractos de novela, publicada en hebreo en 1999. Traducción de Marcos Barel

Distancia


La distancia de tí
Es más cercanía
Que la distancia
Entre mi mano y mi cuerpo

La llevo connmigo a todos lados
Y se ha convertido en una amante leal
Nunca me deja y me recuerda
A Adán antes de la división



Ay Amor amor!
Me diste los mejores poemas de mi pluma
Mientras me destituías
De mi trono
Que se deshacía
En letras de oro.






Entrevista con Esther Bendahan (2005)

Una entrevista no muy reciente que solo se publico en catalan en Avui.





Esther Bendahan nació en Tetuán, Marruecos y emigro a la edad de siete años con su familia a Madrid, ciudad en la que reside desde entonces. Ha publicado tres novelas y ha traducido al libro de Alain Finkelkraut "En Nombre Del Otro". Su tercera novela "Dejalo, ya volveremos" se publicó al principio de este año en Seix Barral y ha sido muy bien acogida por el publico y por la critica. Tardía en publicar, tiene varios manuscritos de novelas y de libros de cuentos, que serán publicados en los próximos años. Es productora del programa de TVE Shalom y ejerce una extensa obra poética que ha sido publicad en revistas. En este encuentro discute con el escritor israelí Moshe Benarroch la perspectiva del judaísmo sefardí y español, entre un pasado lejano, un presente confuso y un futuro incierto, dentro del contexto del judaísmo europeo moderno.


MOIS BENARROCH

M.B.
¿Puedes describir tu última novela "Deshojando Alcachofas"?
¿Qué propone, quiere indagar, resolver, construir tu última novela?”



E.B.
Deshojando alcachofas me permitió crear varios personajes articulados entorno a una historia divertida que pretendía indagar en lo que significa la casa y la búsqueda del otro. Hay varios personajes femeninos y aunque pueda parecer una novela de mujeres -no sé porque cuando hay mujeres protagonistas se habla de novela de mujeres mientras que cuando hay un hombre es literatura simplemente- hay también varios hombres que hablan en primera persona que se convierten un tiempo en protagonistas del relato. Me interesaba el cómo se puede trascender desde lo cotidiano, desde lo superficial y simple; para cambiar no hay que sufrir una gran tragedia ni actuar en una novela de grandes significados, las trasformaciones pueden venir de un paseo o una mirada en la calle. La enfermedad, la muerte, la herida se producen en nuestras ciudades, a nuestro lado cada día, y no necesitan de grandes escenarios







M.B.
Crees que la vida cotidiana es la mejor trama de la novela?


E.B.
Deshojando alcachofas quiere ser una novela mestiza, en la que la vida cotidiana de los personajes, cada día tienen en su interior un fuerza regenadora, es el deseo de crearse de poseer una identidad, está la mujer sefardí, pero que tiene una vida actual, es judía, mujer y pintora; otra protagonista es la dominicana que tiene un sueño, y poseer un sueño es ya en sí mismo una cuenta bancaria. Están las casas, cada personaje tiene una imaginaria o real, la casa como el lugar donde refugiarse, el lugar de lo íntimo ubicado en lo exterior. Porque aunque pertenezcamos con letras mayúsculas a un país, somos la casa y cada día, eso es lo que no da existencia.


M.B.
Has publicado dos novelas, la primera co-autorada con Ester Benari, Soñar con Hispania, y la segunda es Deshojando Alcachofas. Las dos son sobre el judaísmo español. Pero no puede uno imaginar dos novelas más opuestas. En la primera hablas de raíces, de las raíces sefardíes, y en la segunda describes una comunidad judía sin raíces, que vive una vida materialista sin pensar nada en sus raíces. ¿Crees que el judaísmo modernos se ve como parte de una historia de hace 500 años?



E.B
“El judío ha estado en el origen de un doble interrogante: el suyo y el del otro” dice Edmond Jabes, un autor que tanto tu como yo admiramos, autor que nos aporta nuevos significados. ¿Existe realmente un judaísmo moderno español? La cuestión es qué futuro estamos provocando. Si existe futuro de ese judaísmo moderno que está por supuesto ligado al pasado. Pero no sólo al de hace 500años. Sucedieron muchos lugares y espacios después. Desgraciadamente es mas fácil amar en pasado a los judíos que en presente. En España se liga a los judío con ese lugar del que fuimos expulsados hace quinientos años y que en tu novela Lucena expresas como una especie de tiempo en vacío, un tiempo en suspenso. En el pasado europeo, español, existe lo judío como idea ajena y fantasmal. Eso en cuanto a los otros, en cuanto al nosotros, creo que en España aún no hay un judaísmo moderno, hay eso sí judíos, pero mientras que no haya cultura, mientras no se genere un pensamiento nuevo judío español, no se puede hablar de judaísmo moderno, sí de comunidades, que en ocasiones funcionan como entidades sociales Y que porqué no, tal vez podríamos plantear también, reivindicar la nacionalidad española sefardí. Una autonomía sin territorio.



M.B.
Pero no sólo el judaísmo español está en juego, sino todo el judaísmo europeo. En 1939 había en Europa 12 millones de judíos, hoy hay menos de 2 millones. Muchas comunidades desparecieron y me da la impresión que en Francia misma se ha creado o se está creando la excusa de un nuevo éxodo, gracias al viejo antisemitismo, el sionismo y el antisionismo, la asimilación y la emigracion musulmana.
Has traducido el libro de Alain Finkelkraute "En Nombre del Otro" (Seix Barral, 2005). ¿No crees que más bien el judaísmo europeo está en vía de extinción?


E.B
Yo diría que mas que en vías de extinción, está en vías de transformación, por otro lado también Europa lo está, como lo están las distintas identidades europeas y españolas. No podemos seguir definiéndonos explicándonos con ideas del siglo XIX. Estamos ante movimientos integradores a la vez que diferenciadores, dos energías aparentemente contradictorias pero que son la base de la formación europea. El judaísmo forma parte de ese encuentro. Israel plantea a la diáspora un nuevo modelo de existencia, pero la diáspora tiene también características que pueden enriquecer a Israel. Esta situación delante de los miles de años de existencia del pueblo judío es muy nueva, y espero que podamos afrontarla creativamente.




M.B.

Uno de los personajes en "Deshojando Alcachofas" dice, refiriéndose a la sociedad española, "somos iguales", eso me recuerda a la novela de Ruth Knafo setton "The Road To Fez" en la que el padre de la narradora, dice, cuando emigra de Marruecos a Pensilvania en EE.UU., que es un católico de Francia. Pero uno es judío de Francia, pero nunca católico de Francia, sólo francés. Tal vez solo el que es diferente dice que es como todos.


E.B.
Creo como Valery que un hombre moderno, vive con una gran cantidad de contrarios instalados en la penumbra de su pensamiento. Y sin embargo nunca hemos estado tan presionados como ahora por la necesidad de una identidad común, de igualarnos y pertenecer. Efectivamente cuando se es la mayoría simplemente se es, se existe sin necesidad de demostrase nada, mientras que pertenecer a un grupo o nación que no es la del todo, la de los otros, requiere un enorme esfuerzo personal de búsqueda; por un lado se quiere identificar lo peculiar, fijar la diferencia; y por otro, señalar y edificar la igualdad. Un tensión compleja que en ocasiones puede aniquilar en el intento la misma identidad, falsificarla o negarla, porque se puede incluso entender como una agresión en nombre de los demás querer mantener fastidiosamente lo peculiar. Pero no debemos dejar que lo mayoritario mate el gesto de lo peculiar, sería como hacernos todos cirugía estética en el rostro, perderlo. Conseguir ese equilibrio entre lo pequeño y lo grande es el reto, hay que buscar leyes que lo permitan y actitudes abiertas, el catalán debía ser una opción en todas las escuelas españolas, porque enriquece a nuestros estudiantes, como ser bilingüe en cataluña. Conocer lo otro, lo acerca.





M.B.

Tal vez en su visión del otro, el europeo está sólo dispuesto a aceptar su asimilación. Está dispuesto a aceptar su igualdad pero no su diferencia. Especialmente cuando se refiere al judío. No veo que tiene que molestar que el judía coma una comida diferente. Pero por alguna razón es una cosa que molesta mucho en Europa y no en EE.UU.


E.B
Mas que molestar sorprende y no se entiende. Hay una parte importante de europeas que mantienen que la independencia religiosa, que el hombre moderno debe desligarse de las creencias y asimilarse al estado laico, mantener normas alimenticias, creencias religiosas se ve como una disminución de la inteligencia, frente a esto hay que decir que no existe el estado laico europeo en el sentido de negar una base religiosa, en Europa el cristianismo está en la misma base de una creencia que permanece en la misma genética del pensamiento europeo, así que no es necesario reivindicarlo porque está siempre ahí, así que individualmente se puede prescindir de esa necesidad de arraigo que dan las creencias. En el caso judío hay muchas maneras de serlo y ninguna de ellas está en contradicción con la libertad ni con Europa, de ahí parten Mendelson y Herman Cohen. Como dice Magris el estado laico no es exactamente el que no cree, pero sí el que es abierto a los otros. Por mi parte comparto mesa habitualmente con amigos amantes del buen jamón, que yo no como, pero sí compartimos la tortilla de patatas, bien es verdad que yo debía tener ración doble, pero ese es otro tema.







M.B.
Naciste en Tetuán. Y la comunidad judía tetuaní es una comunidad sefardita muy especial. Conservo siempre la lengua español, y es la comunidad mas cercana geográficamente a España: En realidad tu familia ha hablado el español desde que este existe, mil años o más. ¿Cómo vives como escritora esa peculiaridad?


E.B.



Lo vivo con extrañeza, porque aunque mi idioma siempre ha sido el español, es a la vez una lengua que tengo que conquistar. Mi formación inicial en la escuela era francesa, y el español era el idioma familiar, pero su estructura gramatical, sus palabras estaban repletas de un giro muy especial que se daba en estas comunidades. Hay palabras que no utilizo en mi escritura o al hablar porque creo que tiene connotaciones muy antiguas, me suenan a nuestro viejo barrio, a la judería de Tetuán, y luego de repente me sorprendo oyéndolas en una conversación o encontrándolas en un libro. Por ejemplo la palabra Atestado, nunca diría atestado de gente, porque me suena a jaquetía, esa lengua mezcla de español, hebreo y árabe que hablábamos. Mi español funciona a dos niveles, como si conviviera con dos lenguas similares pero con almas diferentes. Por cierto un amigo escritor, me acaba de contar que encontró en el quijote una expresión que solemos decir habitualmente, sanito y bueno. Y una expresión que me encanta oir, Cuanti mas, pues tambien se dice aún y está en el quijote.





M.B.

Tu respuesta me sorprende. Entonces llegaste de niña a Madrid, tu lengua materna era el castellano, pero sin embargo el Francés se sobrepone sobre el castellano y tienes que conquistar a tu lengua. ¿Alguna vez escribiste o pensaste en escribir en Francés?



E.B


El francés es el idioma que se hablaba en la escuela. Pero vine de muy pequeña a España, supongo que lo utilicé siempre de excusa para justificar mis despistes con la lengua, lo cierto es que hay giros lingüísticos y cierta estructura gramatical algo diferente que heredamos de una manera especial de construir las frases.





M.B.

¿Se puede ser judía y española?





E.B.



Si no se pudiese deberíamos de preguntarnos entonces que falla en lo español. Lo español debería ser tan amplio como para incluir distintas maneras de pensar el mundo, de creer o sentir; es mas precisamente lo español mantiene en el fondo de su historia esa identidad acallada y hoy se enfrenta a otras muchas identidades que debe incluir en ese ente abstracto que es el de ser español. Por otro lado dentro del judaísmo no hay nada que excluya o impida la pertenencia a un país cualquiera. Y lo digo aun sin saber exactamente ni lo que es ser judío o ser español. Pero lo único que tengo claro es que es así como me definiría si alguien me lo pidiera. Aunque prefiero que no me lo pidan.





M.B.
Creo que eres la primera escritora española que describe al judaísmo español de hoy. Describes más bien a las mujeres judías. ¿Es una responsabilidad? ¿Existe una comunidad judía?


E.B.
No sé si soy la primera, quiero eso sí, escribir sobre lo que conozco y siento, por eso los materiales con los que cuento es ese cruce peculiar de realidades. La escritura es siempre una responsabilidad, se crea un mundo, se forma con palabras y la palabra tiene un poder generador y creador. Sí existe una comunidad judía, lo que no sé si tiene futuro de la manera que está concebida hoy.






M.B.

El judaísmo español, que hasta hace menos de diez años contaba con menos de 15,000 personas, se está agrandando con inmigrantes judíos de Sudamérica. Hoy se habla de un comunidad de 40,000 judíos, o tal vez más. Muchos de estos judíos son los descendientes de tetuaníes que emigraron a Venezuela, otros son judíos Europa de Este. ¿Cómo influencia todo esto en el judaísmo actual?




E.B
Dentro del judaísmo actual se está llegando a una polarización excesiva. Quiero reivindicar esa manera de pensar lo judío, de vivir lo religiosos que se tenía precisamente en esas comunidades judías del Norte de Marruecos. Lo religiosos no era excluyente, no impedía el encuentro con las opciones laicas, era en realidad una especie de continuo sin fractura. Hoy se ha radicalizado y eso es enormemente peligroso. La lección que aprendimos en esas comunidades es un enorme respeto. Para el religioso era tan importante no comer alimentos prohibidos como no hablar mal del otro o humillarle por su opción de vida. Esa es un buen principio que no hay que olvidar.




M.B.

¿Entonces te sientes judía, española, marroquí, sefardí, o todas esas cosas a la vez?


E.B
Pues como dije antes de alguna manera, eso y mas a la vez, por otro lado en eso consiste la modernidad. Y es lo que hay que tener en cuenta a la hora de entender las identidades europeas.



M.B.

¿Nos podrías hablar de tu próxima novela, que ya está en vía de publicación?



Mi próxima novela trata precisamente de la historia de una familia que deja Tetuán, se rompe y llega a Madrid para crear una nueva vida. Se cuenta a través de los ojos de una niña, Reina, una mirada inocente, asustada, que va descubriendo los secretos familiares, los odios y amores, la historia y deserciones. La cárcel del padre y el exilio son los dos momentos en los que Reina tiene que mirar de frente para reflexionar y llegar a un pensamiento que interprete la realidad nueva que ve. El exilio es una de los temas junto a la infancia, la necesidad de entender un mundo para el que no se tienen claves de interpretación. Pero también otro tema es la mentira. Reina sufre del pensamiento mágico, de angustia ante la noche, ante sus propios pensamientos que no sabe controlar. Trata del mundo de las sombras de la infancia, de la salida del paraíso que supone crecer.